Diego A. Manrique “Ser músico hoy es la peor opción profesional posible”

Las doce mentiras. El dilema no está entre música digital y discos físicos; ambos soportes van a convivir largo tiempo. El artículo rebate las principales mentiras que circulan sobre la música en la era de Internet.

Por: Diego A. Manrique.

En los últimos tiempos, un servidor decidió no perder energías en escribir sobre lo que pomposamente llamamos “nuevos hábitos de consumo cultural”. Primero, me encontraba con artistas que se lamentaban: “en los medios ya solo habláis de la industria, no de la música”. Tenía respuesta para eso pero no me hubiera ganado amigos.

Segundo, descubrí que no había punto de entendimiento entre los que cantaban las maravillas del “gratis total” y los que defendían la vigencia de los derechos de propiedad intelectual tal como ahora se conciben (pero necesitados urgentemente de una revisión radical, añado yo). Ni unos ni otros demostraban empatía por el contrincante; parecía dominar una extraordinaria ceguera voluntaria en ambos frentes.

El asunto es que seguiría callado de no haberme encontrado el mes pasado con un texto contundente en Digital Music News, una publicación online con base en California que sigo con la esperanza de encontrar iluminación entre el caos. El artículo rebatía las principales mentiras que circulan sobre la música en la era de Internet y me encontré asintiendo en los principales puntos y murmurando “sí, así es”. Me he permitido sintetizar y adaptar ese listado, prescindiendo de varios apartados referidos a casos y empresas estadounidenses.

1ª: La buena música siempre encuentra su público. Es un mantra optimista que siempre repiten inclusos los que viven de la música más infame. Deben relegarlo al mismo cajón de mitos que “los niños vienen de París” o “el crimen se paga”.

2ª: Un artista puede vivir explotando su nicho. Deriva del famoso artículo de Chris Anderson en Wired (2004) sobre “la larga cola” o “la larga estela”, luego convertido en libro (ver anuncio arriba). Simplificando, que tiendas de stock aparentemente infinito, como iTunes o Amazon, permiten la supervivencia de propuestas creativas minoritarias. Resulta enormemente tentador depositar la fe en ese principio pero posteriores estudios nos cortan las alas: “está bien aprovecharse de la larga cola pero, amigo, como no tengas producto en la cabeza, en el 20 % de productos más demandados, lo pasarás mal”.

3ª: El hundimiento de las multis facilita la emergencia de propuestas frescas. Quizás lo recuerden: MySpace iba a permitir puentear a los gigantes de la música. Sencillamente, lo que ha ocurrido es un atasco de grabaciones caseras que nunca han amenazado la hegemonía de las multis. Estas, por cierto, no creen en la larga cola: se centran en las músicas masivas y apenas invierten, como sí hacían antes, en artistas y géneros minoritarios.

4ª: Morirán las grandes compañías. Ah, en esto había una gozosa unanimidad: todos, incluyendo a sus antiguos empleados y fichajes, se apuntaban para tener el honor de martillear el último clavo en el ataúd de Sony, Warner, Universal o EMI. Resulta que sólo esta última ha fallecido, victima de unos especuladores, y las demás se han repartido sus tesoros. Las majors pueden estar debilitadas pero tienen el soporte de sus inmensos catálogos y el know how para vender la música de gran consumo.

5ª: Los formatos digitales son más rentables y los soportes físicos no tienen futuro. Ya, ya. Pero nunca se nos ha explicado los motivos de que iTunes tardara tantos años en dar beneficios y todavía funciona esencialmente como un incentivo para vender hardware de Apple. Por otro lado, los países que mejor soportan la crisis discográfica -Japón, Alemania- mantienen saludables mercados de CDs y elepés. No es “uno u otro”; la realidad tiende a inclinarse por “lo uno y lo otro”.

6ª: El modus vivendi de los músicos está en las giras. Esencialmente, era la típica oferta que no podías rechazar: “regala tu música -te la vamos a quitar de todos modos- y grandes multitudes acudirán a tus conciertos.” Qué quieren que les diga: lo que estoy viendo son grupos que actúan en acústico, solistas que se presentan sin banda, artistas que tocan de Pascuas a Ramos. Las “grandes multitudes” parecen estar en sus casas, viendo el partido de la jornada.

7ª: Está emergiendo la “clase media” de los artistas. Es decir, figuras que no se moverán en limusina ni se alojaran en las suites de los hoteles de cinco estrellas pero si ganaran lo bastante para financiar su creatividad, pagar la hipoteca y alimentar a su familia. No serás tan rico como un noruego pero sí tendrás el nivel de vida de un polaco La teoría se ha transmutado en la figura del apurado artista a tiempo parcial, el funcionario o profesional liberal que hace música por las tardes o los fines de semana (o se marcan una canción en el espacio, como el astronauta de arriba). Muchos de los que se consagren exclusivamente a la música tendrán que sobrevivir con la renta de un filipino.

8ª: Spotify es la solución. Eso creen artistas a los que han machacado con la monserga de “el futuro está en el streaming”. Se lo creen hasta que les llega el primer talón por el uso de su música y es aproximadamente lo que dejan de propina en un restaurante (vean la queja de Grizzly Bear: diez dólares por 10.000 escuchas). Nadie duda de las ventajas del servicio de Spotify pero todavía debe demostrar que se trata de un modelo económicamente viable: desde su fundación en 2008, está perdiendo cada año cantidades monstruosas.

9ª: Google y YouTube son tus aliados. Bueno, eso quieren hacernos creer: “somos gratuitos, te damos difusión”. En realidad, sus usuarios son proveedores de contenidos y público cautivo. Su interés por la música puede deducirse de lo siguiente: YouTube tiene filtros para eliminar el contenido porno pero no hay un mecanismo automático similar para borrar músicas que -con las leyes en la mano- no han sido subidas por sus legítimos propietarios. Buena cosa para los espectadores curiosos, mala para los profesionales. Inciso: me llaman de Google y me recuerdan, sin acritud, que sus servicios incluyen herramientas para eliminar contenido ilegal, previa petición de los derechohabientes.

10ª: El negocio está en las camisetas, estúpidos. Quítate la venda: no vas a sacar dinero de tus grabaciones, apenas cubrirás gastos con el caché de tu concierto. La pasta, querido pardillo, está en el merchandising. La verdad: a no ser que triunfes a lo grande o tengas un culto alrededor de tu proyecto, se trata de calderilla. Me temo que nadie pagara por tu camiseta los 95 euros que pide el Real Madrid por la de Gareth Bale.

Ya me hago cargo: ofrecer una lista como la que hizo, en su versión original, el director de Digital Music News, Paul Resnikoff, parece un ejercicio deprimente. Un regodeo en la miseria. Pero nadie tiene aquí soluciones milagrosas y el primer paso consiste en desmontar los espejismos, las piruletas con las que tienen entretenidos al personal. Por cierto, en el blog Cambiando de Tercio han adaptado estos puntos al mundo editorial y, qué miedo, las falacias se repiten.

Fuente: Diario El País (Diego A. Manrique)

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