“Soleo” de Ximo Tebar. Un disco que transmite amor y respeto hacia la música y hacia la audiencia

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Soleo es un disco producido con enorme buen gusto, con mucho cuidado y cariño; con una combinación hermosa de dulzura, alegría y belleza.

Por Patricia Schiavone (Atresillado Magazine)

Hacía meses que este CD estaba esperando que yo tuviese el tiempo para escucharlo como sospechaba que se lo merecía. Cuando un disco físico llega a mis manos me gusta dedicarle mi atención y escucharlo verdaderamente, como una unidad indivisible. Soleo por suerte me tuvo la paciencia necesaria y hoy, finalmente, nos encontramos en ese espacio sonidos-oreja-alma que sigue resultándome mágico.

A Soleo lo crearon Ximo Tébar (guitarra y voz), Orrin Evans (piano), John Benítez (bajos), Donald Edwards (batería) e invitados (Santi Navalón, Ramón Cardo,Ricardo Belda, Claudia Tébar y Fernando García). Toda su música está compuesta por Ximo Tébar, excepto el tema Nardis, por supuesto de Miles.

Gracias al amigo Pepe, Ximo y su estilo no me es del todo desconocido, pero Soleo me llevó a lugares nuevos, disfrutables al máximo. Les contaré un poco, con la esperanza de que si alguno de ustedes también lo escuchó, comparta a su vez conmigo lo que sienta compartible. Según mi punto de vista, así se disfruta más.

El disco abre con el tema “Jaco Opus Town” (tributo a Jaco Pastorius). Esta me resultó una puerta de recepción a Soleo animada y cuidada. Para mi disfrute, arranca con la batería, siguen unos unísonos instrumentales a los que de inmediato se suma la voz. Amo los unísonos entre los instrumentos y amo los unísonos de instrumento(s) y voz. Se genera algo especial en mí cuando los escucho. ¿Será que las células se alinean vibratoriamente con ese conjunto sonoro? Sospecho que hay algo de eso. Al ánimo alegre lo acompaña la buena nueva de que los volúmenes están preciosamente balanceados y es posible escuchar cada instrumento de la mejor manera durante todo el disco. Agradecí que el tributo fuera en este ánimo de alegría. Todos amamos la música de Jaco y es bueno poder recordarlo con una sonrisa respetuosa en el corazón.

El segundo tema es “Soleo”. La guitarra transmite una dulzura impresionante y una profundidad especial, pero no nostálgica sino fresca y juguetona. Es un tema que me puso en un lugar emocional bonito, en un lugar tranquilo pero curioso. Hay un solo de piano lindísimo y las voces tienen un papel especial. Este tema tiene la peculiaridad de que los instrumentos tocan bastante rápido y sin embargo el sentimiento general es de calma y parsimonia, que me parece que es generado por las voces y el fraseo de los instrumentos.

“Luna llena”es un tema instrospectivo, con aire de bossa nova, con aroma a noche de verano. Lo sentí un poco diferente en carácter a todos los otros temas. Quizás el ingrediente faltante sea la alegría. Lo que me llegó a mí con estos sonidos fue una sensación de aplomo, de aceptación madura. ¿De la vida? Quizás.

Sigue una versión muy interesante de “Nardis” al estilo “son mediterráneo”. Tiene esa impronta vívida y alegre de Ximo, con elementos del jazz y del flamenco por igual. Por momentos una se traslada a los años 50 y 60 en Estados Unidos y por momentos se nos representa una bailaora de flamenco. Un homenaje a Miles Davis siempre es bienvenido y nos hace sentir en terreno familiar. Bueno, en este caso es un terreno familiar y completamente nuevo a la vez, que a mí me resultó una aventura atrapante.

“Soliloquio” está dedicada a la memoria de George Duke. Yo destaco la dulzura y el cariño de todos los sonidos de Soliloquio. Además de la guitarra, me llamó mucho la atención la batería, pues parece acariciada. Marca perfectamente el pulso y hasta con decisión, pero a pesar de ser con palos y no escobillas, Edwards logra que quienes estamos de este otro lado del disco nos sintamos acariciados… surge mucho amor de ese instrumento percutivo.

En “Tarantza”se introduce el saxo (de Ramón Cardo) y elementos musicales que recibo como árabes. Es aquí donde observo que mi cuerpo nunca escuchó algo parecido y se me genera toda la curiosidad de escuchar más por este lado. Me gusta mucho esta composición y cada uno de los instrumentos forma un todo muy bello. Hay un alto dinámico por el minuto 8 y un retomar interesantísimo, que creo que es digno de experimentar como oyentes.

El último tema es “Son Mediterráneo”. Cuenta con la participación de Ricardo Belda en el piano, que es el que nos regala las notas iniciales: una invitación a abrir el corazón, a entregarnos a la experiencia sonora, que supe aceptar sin titubeos. Luego piano y guitarra se entrelazan con muy buen gusto, sin apresuramiento, sin urgencia, con certezas que se sienten muy bien. Después de esta introducción hermosa, el tema se sigue desarrollando, incorporando todos los elementos que se percibieron antes en cada tema del disco y es un verdadero gozo permitirles a estos sonidos que se apoderen de una.

Cada tema de “Soleo” tiene su peculiaridad que lo hace una contribución importante a la obra entera, que me parece un disco con enorme buen gusto, con mucho cuidado y cariño; con una combinación hermosa de dulzura, alegría y belleza.

Da la impresión de que quienes participaron en Soleo pusieron mucho más que su virtuosismo musical. Es un disco que transmite amor y respeto hacia la música y hacia la audiencia.

Desde este rinconcito escondido en Uruguay me gustaría darle las gracias a Ximo Tébar por haber creado este disco que me ha parecido un regalo hermoso.

Fuente: https://atresillado.wordpress.com/2016/11/20/soleo-de-ximo-tebar/

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